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Que bonita es la nieve!

Llevábamos todo el invierno viendo como las noticias se llenaban de pueblos nevados por toda España en repetidas ocasiones. Y como cada dos por tres nos decían que había alerta por posibles nevadas, pero una y otra vez esas alertas pasaban y no nevaba en Barcelona.

Uno, que aún conserva parte de ese niño que fue, estaba deseando ver esos lugares por los que paso cada día cubiertos de un manto blanco, pero se resistía a llegar. Hasta que ayer, y sin esperarlo, porque que yo sepa nadie dijo en ningún informativo que iba a nevar en Barcelona a la altura del mar.

Todo empezó tímidamente. Primero lluvia, luego aguanieve, más tarde ya copos de un tamaño considerable y así fue la cosa haciéndose más y más grande. Siendo mis compañeros y yo espectadores desde las ventanas del curro. Que ayer se convirtieron en mas entretenidas que la mejor pantalla de cine de última generación.

Ante tal nevada que se estaba produciendo y en previsión nos fuimos antes del trabajo para evitar el colapso. Porque Barcelona es una de las ciudades punteras en todo, pero a la que pasa cualquier cosa se forma la de Dios.

El camino de la oficina al trabajo, en circunstancias normales, no debería de sobrepasar los 20 minutos. Pero ayer no eran circunstancias normales…

Directamente opté por irme por el interior, evitando Las Rondas, porque son una ratonera y a la que hubiese cualquier accidente de ahí no salía ni Rita. Así, fui por la ciudad y a pesar de la dificultad de circular, porque el coche patinaba pude ir acercándome hasta mi casa. Presenciando como mientras mejor coche tienes (BMW, Audi, Mercedes) más lerdo eres conduciendo y por tanto más posibilidades tienes de que el coche patine y te quedes tirado.

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Tomate tu tiempo

Es un hecho que actualmente vivimos acelerados y hacemos todo con prisas.

Ya de buena mañana nos levantamos con prisas porque le hemos robado unos minutos al despertador. Nos tomamos el café con prisas y salimos corriendo por la puerta.  Ya sea para llevar a los niños al colegio o para ir al trabajo, si no para ambas cosas, vamos acelerados y corriendo de un sitio a otro.

Una vez estamos en el trabajo, o si  tenemos que hacer las labores domesticas y las compras diarias, lo hacemos todo con prisas y sin podernos parar demasiado a saber muy bien qué es lo que estamos haciendo.

Llega la hora de la comida y comemos también con prisas, lo primero que pillamos y casi sin degustarlo tragándonos la comida casi sin masticar. Lo que si no haremos con prisa es la digestión, que se tomara su tiempo y nos castigará por engullir.

Salimos de trabajar y si vamos de compras y nos toca esperar diez minutos en la cola del supermercado, nos volvemos locos y agresivos.

Llega la hora de irse a la cama y si echamos la vista a atrás para hacer valoración del día vemos que nos lo hemos pasado corriendo y sin tener tiempo ni paciencia para apreciar cada cosa que hemos hecho.

Es por eso que viendo el video que os pongo a continuación, donde se ve a un hombre que hace lo que tiene que hacer sin prisas y tomándose el tiempo que requiere la situación, disfrutando de lo que hace. Es cuando uno piensa que como sigamos a este ritmo se nos va a pasar la vida de prisa, como la vivimos.

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