Es un hecho que actualmente vivimos acelerados y hacemos todo con prisas.

Ya de buena mañana nos levantamos con prisas porque le hemos robado unos minutos al despertador. Nos tomamos el café con prisas y salimos corriendo por la puerta.  Ya sea para llevar a los niños al colegio o para ir al trabajo, si no para ambas cosas, vamos acelerados y corriendo de un sitio a otro.

Una vez estamos en el trabajo, o si  tenemos que hacer las labores domesticas y las compras diarias, lo hacemos todo con prisas y sin podernos parar demasiado a saber muy bien qué es lo que estamos haciendo.

Llega la hora de la comida y comemos también con prisas, lo primero que pillamos y casi sin degustarlo tragándonos la comida casi sin masticar. Lo que si no haremos con prisa es la digestión, que se tomara su tiempo y nos castigará por engullir.

Salimos de trabajar y si vamos de compras y nos toca esperar diez minutos en la cola del supermercado, nos volvemos locos y agresivos.

Llega la hora de irse a la cama y si echamos la vista a atrás para hacer valoración del día vemos que nos lo hemos pasado corriendo y sin tener tiempo ni paciencia para apreciar cada cosa que hemos hecho.

Es por eso que viendo el video que os pongo a continuación, donde se ve a un hombre que hace lo que tiene que hacer sin prisas y tomándose el tiempo que requiere la situación, disfrutando de lo que hace. Es cuando uno piensa que como sigamos a este ritmo se nos va a pasar la vida de prisa, como la vivimos.

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